Where I live lightning is a constant element in our lives. Often, the lights go out and the phone lines too. I have been unable to communicate with anyone for a month now. It has been a month of silence.
It is interesting the thoughts that come during such times, when shadows form on the walls because of the candle light and ones pen scribbles familiar letters by the flickering warm yellow dim glow. There comes the moment of profound pondering. There are those dreams one had for the future, and those one thought would be attained by now. Immersed into this silent darkness I found home again.
Upon my writing desk I keep a few familiar friends at hand, they are my favorite authors. Leaning between Walt Whitman’s Leaves of Grass and Shel Silverstein’s Where the Sidewalk Ends is a collection of Emily Dickinson’s Poems, it is a sky blue colored cover book with Victorian, dark and light pink, roses stamp designed in the center. I stare at this one most because, I almost hear her words whispering in my mind from the countless times I’ve read them.
By the flickering light, I recall having stood in her room, two years ago, when I visited her homestead in Amherst Massachusetts. I saw the lace cream yellow colored walls and the small desk, gas lamp, and chair where she probably worked on her poems. The rainy gray afternoon light slipped in through windows which faced west out towards Amherst Main Street, some trees, and her brothers home. Although her portrait hung in the living room wall, and we walked through every floor of the house, it is Emily’s bedroom which has remained in my mind. It was perhaps here, if one stood long enough one could feel it, or imagine it, the spark of her coming to life as a poem spilled onto a page or was reworked from a candy wrapper. Such a simple place and yet it is said that “over 1,700 poems were discovered in her dresser drawer by her sister, Lavinia.” ( Johanna Brownell, Poems, pg. 15)
It is the silence which allows this deep well of expression. In a room filled with shadows and a warm glowing light, a whole world opens up within. The voices of the past, forever new upon a page, inspiration brings, and on one such occasion, as this, I wrote:
For Emily
1,700 poems
You wrote and no one knew
Tucked into a bedroom draw
To sleep the whole night through
I’m glad your stash was found
Glad it was published too
1,700 poems I seek to read from you.
~~~What is it? Author's Chair is the final step in the writing process. A special time and place is allotted to writers who wish to share their final products with an audience. ~~~¿Qué es? La silla de autor es el último paso en el proceso de escritura. Es un momento especial que tienen los escritores que deseen compartir sus productos finales con una audiencia. (información tomada de Teacher Visión, ver enlace)
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Wednesday, July 21, 2010
Wednesday, July 14, 2010
Una tarde de lluvia pasajera
Mientras avanzábamos en la faena de recogerlo todo, el cielo se tornó gris oscuro y soplaba fuerte el viento. Decidí guardar el perro de mi vecina en su casa ya que nosotros lo estábamos cuidando pues mi vecina estaba de viaje. Mientras subía al perro a su casa, mi hija me gritaba desde la nuestra: - ¡Mami, mira, corre! Yo escuchaba pero no entendía. - ¿Qué? - contestaba gritando también. El viento soplaba muy fuerte. - ¡Mamiiii qué vengas! ¡Avanzaaaa! Sus gritos me asustaron. Salí corriendo a ver qué era. ¡Diantre! Aquello parecía un huracán. Salí corriendo de la casa de mi vecina apresurada para entrar a la mía. Temía que algún objeto volara y me golpeara. Mi hija seguía gritando: - ¡Avanzaaa!
Corrí hasta la puerta de la entrada de mi casa. Tenía el seguro puesto. ¡Ay! No puedo entrar! – removía el cerrojo de arriba abajo rápidamente. Mi hija corrió a buscar la llave. En eso, decidí entrar por el costado de la casa. El portón no abría. En viento seguía azotando, comenzaba a llover. El apuro y los nervios me impedían hacer algo tan fácil como abrir el portón. Finalmente lo abrí. Mi hija por su parte, abrió la puerta del frente. Uno de mis cuatro perros se salió y corría como loco por la acera de la urbanización. Parecía aturdido. Ahora me río de sólo pensarlo. Su cara parecía que decía: ¡Qué es esto? Cuando entré a la casa, grité: - chica, ¿qué has hecho?, ahora se salió el perro, ¡oh nooo pobre perritooo! – gritaba yo melancólica e histéricamente. En el mismo tiempo y espacio que ocurría todo, el viento entró a la casa y tiró al piso algunos adornos en cristal. -Ahora la cosa se puso mala- pensé. Fue entoces cuando las dos comenzamos a gritar como locas. Entre todo el revolú, mi hija decide buscar el perro en el carro, cosa que yo desaprobaba pues lo consideraba peligroso ya que el viento y la lluvia seguían haciendo de las suyas.
Minutos después, mi hija apareció con el perro. Lo entró a la casa y nos miramos. Ya había pasado todo. Creo que no pasaron ni 15 minutos desde que comenzamos a recoger las pinturas en el patio. Fue todo tan rápido. La lluvia y el viento siguieron su camino y sólo dejó a dos mujeres histéricas mirándose una a la otra y tratando de asimilar lo que había ocurrido. Todo estaba en silencio. – Mami, yo creo que todos nuestros vecinos nos escucharon, parecíamos locas. – me decía mi hija muerta de la risa. Yo miraba por la ventana. Tal vez era verdad y los vecinos se preguntarían qué le pasa a este dúo locas, a fin de cuentas era sólo agua y un poco de viento- imaginábamos nosotras que decían ellos. – Jajajaja, a la verdad que tú y yo no hacemos una – le contesté.
Ya había pasado todo y mi hija y yo nos quedamos en la sala, con los cuatro perros, riéndonos y reviviendo la odisea en lo que quedaba de la tarde.
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